Desde hoy me llamo Luna

Empiezo mi ciclo de trabajo. No sabes que hoy me vas a ver. Has vivido sin saber nada de mí desde hace más de siete días. Incertidumbre mía por no saber qué ha pasado con tus emociones durante mi ausencia. Ni nada de lo que has vivido. Y la distancia física es grande pero también te he sentido ahí, acompañándome durante mi descanso, durante mi proceso de intentar entender qué me está pasando junto a ti. Que me has cogido de la mano y me estás haciendo subir una montaña desde la que, ahora sé, voy a tener que saltar.

Y entro a tu módulo. Y la calma del módulo se pelea con el latido nervioso de mi corazón, porqué yo sí sé que hoy nos vamos a tener.

Suenan los tres toques y se escucha la voz que anuncia el RECUENTO de la mañana.
Siempre que puedo me hago la despistada y así me puedo quedar en tu planta para poder ser yo la primera en mirarte. Me encanta poder abrir la mirilla y robarte esos buenos días que tu no te esperas. Esos segundos robados a la cámara me llenan de adrenalina y de felicidad. Buenos días mi dulce niño.

Y sigo flotando hasta el final del ala por donde empiezo el recuento, y sé que cuando llegue hasta ti, ya estarás esperándome. Con tu cara de sueño y tu sonrisa pícara, con tu alegría reprimida de saber que hoy sí, que hoy nos tendremos todo el día. Pero haciendo ver que no te importa demasiado, no vaya a ser que al final nos descubran la verdad.

Tu, siempre el último en bajar a desayunar, siempre rezagado para poder tenerme ahí, esperándote y poder bajar juntos nuestras escaleras, y sentirnos cerca sin podernos tocar, sólo con nuestra presencia, con millones de frases en la mente que luchan por salir a la calle, con millones de promesas y de sueños por cumplir y miles de barreras por romper.

Pero hoy mi corazón ha latido tan fuerte que no sabía qué hacer con tanta adrenalina. Y es que ya hemos empezando a cumplir las promesas entre nosotros. Recogiendo tus letras con mis manos tan torpes como novatas. Dándote las mías, deslizadas a escondidas, por debajo de tu puerta. Mis letras más sinceras, más honestas, escribiéndote de la única manera en que me reconozco ante ti. Desnuda completamente, con el corazón en el papel dónde me lees.


Y no vamos a olvidarnos nunca del olor de nuestras letras, del sabor de nuestras palabras, de lo llenos que estaban nuestros corazones al sentirnos tan cerca y tan lejos a la vez. Que emoción perdida tan reencontrada la que siento al esconderme para leerte y así poder ser cómplices de nuestras palabras todo el día. Eres mi niño, mi amor dulce desde hoy y hasta siempre, lo sé. Porque hoy ya no soy yo, desde hoy me llamo Luna, tu Luna.

Noelia Pedrola