Me rompí una y mil veces

 Mi amor dulce, mi niño. Esta historia es la mía contigo, es como yo me he vivido contigo y sé que puede que a veces puedas sentirte no reconocido en ella. Porque las experiencias que nos separaban, las expectativas que teníamos de cómo queríamos que fuera nuestra vida, distaban un poco de la realidad y de cómo la vivíamos cada uno.

Porque llegaste con muchas promesas y seguiste viviendo en ellas. Y creo que aún vives en ellas. Y yo sólo quería vida contigo. Pero vida de verdad.  Me reconozco muy niña contigo, muy vulnerable, muy divertida y una mujer descentrada. Porque en mi interior existía un vacío muy grande que yo debía sanar, pero que sin querer te pedí que tú me sanaras. Y eso nunca podría llegar a salir bien. Y te hablo de mi herida de nacimiento porque la tuya no la pudimos ni llegar a oler. Porque si hubieses sido valiente ahora estaríamos volando por el cielo.

Aunque, quien sabe, este tiempo en el que vivimos no es lineal como nos han enseñado, así que todo pasa más rápido de lo que vemos pero muy lento cuando pongo la mente y el miedo se apodera de él. Hemos sido como el yin y el yang. No te hecho nada en cara ni te juzgo, pero yo he pasado por donde tú estás ahora. No digo por las experiencias pero sí por la sensación de querer comerme el mundo y sentirme atrapada en una vida que no apreciaba. Y sé que te sentías así.

Y nos queremos comer al mundo desde sitios distintos. Tu te lo quieres comer desde fuera yo sólo me lo quiero comer desde dentro, con presencia pura.  

La verdad me cansé de esperar. Me cansé de cocinarte, de comprar para ti, de limpiar lo que tu ensuciabas, de escuchar tus quejas diarias que luego pasaron a ser quejas por cada cosa. Y estas mini broncas que teníamos, me hacían sentir terriblemente culpable, angustiosamente perdida, y tenía miedo, miedo de que te fueras y me dejases de querer así sin más.

Hoy, me siento a tu lado en la cama y te digo que no puedo más, que no quiero verte todo el día tumbado en la cama jugando al móvil, chillando y diciendo palabrotas. Que no quiero ser tu cuidadora, ni tu criada. Que también quiero que me cuides, que me respetes, que cumplas tus planes para nosotros. Esta primera vez te desata unos demonios internos tuyos, desata una energía que yo no conocía. De la que nunca tuve miedo, pero sí que me despertó mucha compasión por ti. Porque por primera vez pude ver y sentir tus demonios y sufrí por ti, por tu angustia. Quería ayudarte a conocer tu mente, tus miedos, tus inseguridades, quería enseñarte el camino. Pero siempre te cerrabas en banda.

Pero parece que este toque te ha llevado a buscar ayuda y a encontrar un trabajo. Y durante ese mes todo es fácil, porque estás distraído, porque te sientes con una responsabilidad que te hace sentir bien, que te hace sentir que colaboras, que aportas. Yo recupero un poco mi espacio vital y te echo de menos. Y nos echamos de menos y nos volvemos a reír, a cuidar, a mimar, a respetar.  

Pero en nuestra relación todo va muy deprisa, todo son ciclos muy rápidos. Así vamos a curarnos muy rápido, solos, entre tu y yo.

Pero no, el trabajo se acaba. Al igual que se acaba el verano. Se acaban los bares, los paseos, los cafés, la playa, se acaba parte de la vida que nos habíamos construido porque siempre estabas esperando que él te solucionara la vida y así de paso tu me la pudieses solucionar a mi.

Pero de verdad que sigo sin entender cómo es que aún no sabes que tú tienes todo tu potencial dentro de ti, que eres perezoso y que por eso nunca vas a querer trabajar, ni leer, ni cocinar, ni limpiar, ni querer. Porque todo esto requiere un compromiso. Sé que no eres de comprometerte de verdad. Me dices que todo esto llegará, llegará cuando todo esté listo.  Y mientras esperas, te pierdo, nos pierdo en la esperanza de ese mañana que no existe, que se diluye en cada respiración que pierdes por no estar aquí y ahora con nosotros.

La segunda vez que te hablo de que necesito que acciones, que dejes de esperar, que vivas este momento, que quiero presencia, quiero conversaciones, quiero miradas, quiero masajes, quiero abrazos y que sigas diciéndome que me amas…

Tu respuesta es; hacer las maletas e irte bien lejos. Y te vas. Y yo te llevo lejos mientras tú me desprecias en cada gesto del viaje, en cada momento de tu mente. Como si eso de hacerte el duro y hacerme daño te hiciese sentir bien. Te odio y te quiero por igual. Y te abrazo y te lloro por igual.

Y sigo teniendo ese nudo en la garganta cada vez que me pongo a escribir y a recordarnos.

Pero tú me decías:

-Pero no cariño que nuestra relación va a seguir igual. (y mi mente te decía) Pero a ver. A quien coño pretendes engañar. ¿Cómo va a ser igual una relación de 24/7 a una con 100km de distancia?

Y tu prepotencia cada vez que quería hablar contigo me hierve la sangre, el – no ahora no que no quiero, o que estoy durmiendo, o que voy a salir a hacer un café…. no entiendo que si tú para mi eres lo primero porqué no lo soy para ti. ¿Porqué esas ganas de hacerme sentir vacía, de sufrir, de llorar, de tristeza?

Pero aún no contenta con sentirme así, te vine a ver y te propuse pasar una noche juntos, cenar, reír y querernos otra vez. Y sí, vine, pero antes de llegar ya me montaste un cristo que pa qué, que no querías verme, que preferías no dormir conmigo, que no te apetecía… excusas de mierda para hacerme rabiar de nuevo.

Quiero despejar, rota por dentro, otro día más en mi vitrina de cristal… y ese día me rompí por dentro por completo. Me recuerdo conduciendo de vuelta a casa después de tu desprecio con muchas ganas de morir, de tener un accidente y morir. Morir para dejar de sufrir. Porque solo había en mí mucha pena, mucho dolor. Me rompí una y mil veces. Y solo podía hacer que romperme más y más y más y más. No podía. Una casa sin ti, una cama vacía sin ti, no podía más de una vida mía sin ti, sin ese nosotros que yo quería sí o sí.

Y esa noche me tiré en la cama y de repente oí tu llamada, una llamada de preocupación porque no te había dicho que había llegado a casa. Y mi mente estaba en shock.¡ no podía creer que te estuvieseis preocupando que me dijeses que lo sentías, que era porque estabas enfadado! ¡¡Que te jodan!!

¡¡Que me estaba rompiendo por dentro y no tuviste el valor de darte cuenta que me estabas pisando y rompiendo en más pedazos si es que eso era posible!!  

Pero tranquilo, que hoy no vas a ser el malo de la historia. Hoy no habrá malos. Hoy te cuento que te fui yo misma quien te pidió en mi vida para poder tocar fondo ese día, para poder romperme en mil pedazos ese día y los días que le siguieron. Porqué solo cuando me rompí me di cuenta que dentro brillaba mi luz. Y creo que aún voy a ser capaz de escribir un capítulo más de esta historia nuestra, que no ha hecho más que darnos alas para volar.

Noelia Pedrola