Nuestros inicios 

Desde hace unos días cada vez que entro siento un nerviosismo, una vibración interna que me recorre todo el cuerpo y la mente. Me hace estar en un estado de felicidad sostenida. Tengo la certeza que pase lo que pase nada malo va a suceder. Que soy capaz de traspasar esos límites que sí, que están escritos, pero que mi alma sabe que no sirven de nada. Sólo me limitan, son trabas para mi plan de vida.

Y es muy probable que dentro, pero muy a dentro, oiga un susurro que me dice que el riesgo mola pero que me va a pasar factura. Y que quizás, y sólo quizás no esté preparada para asumir las consecuencias de todos mis actos. Pero aún así sonrío y soy más amable, más dulce, más disciplinada. Trabajo con normalidad, como si nada de aquello tuviera que ver conmigo. Pero sí tiene que ver, tiene que ver todo, porque todo lo que veo, lo que siento, lo que vivo está en mi mente y la mente me traspasa a las emociones y las empiezo a sentir en el cuerpo.

Y de repente un día, ese olor a cerrado, ese olor tan peculiar, de repente me parece apetecible, me parece que forma parte de él. Que no es una mezcla de todos ellos, sino sólo de él y me parece arriesgado pero me da igual. Me siento tan niña, con tantas ganas, que todo me da igual.

Y poco a poco, sin saber cómo, ya me ha atrapado en su trampa. Ya soy suya. Desde hoy es imposible dejar de mirarnos. Aunque sea detrás de la mascarilla, dónde aún con más fuerza puedo dibujar una sonrisa tan grande que sólo yo y él podemos sentir, ver y percibir. Aunque mis ojos que no han parado de aumentar su brillo me delatan. Pero son sus ojos que sonríen junto con sus labios los que me hipnotizan, porque ambos son tan prohibidos como apetecibles.

Y cada noche se cierran las puertas, todas. Y te dejo allí dentro, encerrado mientras yo me subo al coche y conduzco hacia mi casa. Conduzco con el corazón lleno de tristeza y de ilusión a la vez. Y mi mente llena de pájaros, de ilusiones, de proyectos y de muchas dudas se pone en marcha y no puede parar. Y es porque aún no tengo nada claro de porqué me está pasando esto a mi.

¡ A mi ! que soy implacable con las normas, que soy siempre muy cuidadosa con no mezclar mi vida de dentro con mi vida de fuera. Pero luego me sonrío fuerte, con esa sonrisa entre pícara y miedosa que me explota dentro del corazón y de golpe me siento capaz de volar y de brillar más aún si es posible. Y sé que dentro de unos días él volverá a buscar mi mirada, mi voz, mi presencia, que me robará momentos entre mis compañeros sin que nadie lo sepa, pero resulta que brillábamos tanto que todo el mundo lo supo.

Noelia Pedrola