Te creí y aún así te fuiste.

 Hasta hace relativamente poco aún tenía tu rastro en mi vida, en mi casa, en mi ordenador, en mi cama. Quizás los gatos sean lo único que has dejado aquí. Eres tan joven que el camino aún nos tendrá unidos no sólo por la deuda que existe, ni por la diferencia de conceptos de vida sino por el aprendizaje y las emociones.  

Y ahora no soy capaz de recordar la correlación de los días en los que nos pasaron las cosas. No sé si fue primero el libro o el pantalón o todo a la vez. No sé si fue primero el mp3 con la música o los sobres con sellos para escribirnos esas cartas eternas, con promesas y emociones. Parece raro lo que llega a contaminarnos el exterior, cuando tenemos de todo, y perdemos la capacidad para escribir, para dejarnos sentir. Porque mientras estabas encerrado sólo existía yo, sólo tú, sólo nosotros. Tus canciones y tus letras. Existían fantasías, ilusiones, proyectos y promesas. Demasiadas promesas.  

Aún te veo. Tú paseando por el patio sin nada, sólo con las ideas en tu mente. Ideas de una vida bonita, tranquila y calmada. Te observaba desde mi sitio, sabiendo que lo sabías, que te sabías observado a cada momento, sabiéndote querido y amado. Pero la mente es cruel y nos hace crear aquello que queremos. Yo te quería a ti. Y ahora no sé si tú me querías a mí, o solo era tu opción para salir, para volver a ser libre. 

Más allá de hacerme sentir feliz la sensación de libertad, me da angustia por haberte querido atar a mi control, a mi vida. Pero me decías cosas tan bonitas, que siempre pensé que éramos un nosotros.  Te di la llave de mi felicidad, me puse en tus manos. Y lo hice porque era la única manera en la que yo había aprendido a amar, desde mi fortaleza y mis creencias. Desde mi miedo a no ser suficiente.

No quiero olvidar todo lo que he vivido, todo lo que he sentido, todo lo que he hecho y dicho. No me siento culpable. Pero quiero despegar. Te di las llaves de nuestro tiempo, puse en tus manos la gestión de nuestra relación. Y tú tiraste adelante con tu energía. Pero me hiciste culpable de tu aburrimiento, de la falta de dinero, de hacerte perder el foco.  Pero nos saqué de aquí en cuanto pude, recorrimos las playas, las montañas y cruzamos la península porque tú me lo pediste, y me pareció un lujo poder hacer esto juntos. Dormimos en la naturaleza, en el coche, en la vida. Nos dormimos en nosotros y disfrutamos de todo a plena vida.

Pero para ti nada es suficiente. Siempre con ese vacío existencial compartido pero sin ganas de sanarlo. Y recuerdo que mientras me rompía me llamas la tercera semana para pedirme por favor volver a casa, que lo sientes, que te has equivocado, que nos hubiésemos ahorrado muchas historias si no te hubieras ido, que te mueres de ganas de volver a casa y seguir aquí, esperando que todo vaya bien. Que me echas de menos, que la vida sin mi no tiene sentido.

 Y te creí.

Y te creí tanto que me hundí en el momento en el que me lo dices. No podía ser que te estuviese dejando volver después de haberme hundido en la mierda y haberme pisado para romperme. Y recuerdo el momento en que me rompo de nuevo. Y se mezcla la ilusión y el miedo. Las ganas y la rabia. El amor y el odio.  

Te vengo a buscar con todo mi corazón y mi alegría. Y el viaje de vuelta no tuvo nada que ver con el de ida. Estabas feliz, agradecido, y te sentí muy cerca. Te creí mientras me cogías de la mano y me hacías sentir en casa. En esa casa en la que hemos estado desde nuestro primer café.  Llegaste con nuevas promesas y energías renovadas. Te compraste tu comida, fuimos a comprarte tu ropa, te cocinaste, te arreglaste las cosas, te instalaste en casa. Y nos estuvimos amando tan dulce que no puedo creer que decidieras irte de nuevo.  

Navidades en familia, con la mía y la tuya. Me encanta. Generar situaciones de amor, de complicidad, de querernos, de compartirnos. Y porqué sé que amar es una decisión, un compromiso. Nada me hacía pensar que esta vez no cumplirás. Porque a tu lado nada es perfecto pero sí es mejor. Y sigo queriendo enseñarle al mundo que nuestro amor pasa por encima de todo esto. Pero creo que he sido yo siempre la que ha querido esto. Que para ti sólo he sido un hogar en el que te has sentido cuidado, querido, amado, mimado, escuchado, atendido. Claro que discutimos, me encanta darte mi opinión y mi visión y que luego tú hagas lo que quieras.

Sé que nadie te enseñó a no irte. Yo quería muchas cosas, pero te había dado las llaves de mi reino. Y me confundía contigo, me perdía en mis miedos, en mis inseguridades, en mis paranoias, en mi sufrimiento. Y digo perdía porque… 

Te fuiste un día y aproveché para echarte. Y ese día, tu ego se puso a jugar a un juego que te ha hecho estar durmiendo un mes en un sofá del que te salen los pies, te ha hecho seguir sufriendo sólo por miedo a venir con tu corazón en la mano y ponerlo junto al mío. Así, sin más, sólo por puro amor.

Pero no, te fuiste a jugar a la play, te fuiste a seguir escuchando ruido, huiste otra vez. Y me dejaste sola en fin de año, con mi tristeza más absoluta, sin tan siquiera querer hablar conmigo. Y te odio por ese dolor de pareja que me has hecho sentir, por ese poder que te he dado y que has utilizado sólo para tu propio beneficio. Porque sigues sin querer hacer las cosas bien, te odio por esa cobardía.  

Y me felicitas el año nuevo con un texto. Sin querer ni llamar ni verme, y estás enfadado conmigo y no entiendo porqué. Y aún creo que si soy vulnerable me puedes hacer daño, pero sé que no. Que cuanto más vulnerable soy, más luz tengo, más amor desprendo y siento, más humana me siento y me vivo.  Y así hemos estado cuatro semanas más, pero esta vez teniéndote tan cerca y tan lejos a la vez.

¡Cómo no! Sólo me has llamado para tu propio interés, para volverme a pedir dinero para tabaco, dinero que luego no me vas a devolver. Siempre con tu chantaje emocional, para conseguir aquello que tu quieres, de manera egoísta. Siendo desconsiderado conmigo. Sólo para conseguir tus objetivos. Me vuelves a llamar para que recoja tus cartas o tus llamadas del juzgado. Y me llamas cuando te estás dando cuenta de nuevo que no es lo que quieres. Para pedir poder venir un rato a casa conmigo para poder ducharte, afeitarte y poder dormir en una cama otra vez. Y te vengo a buscar y te ofrezco calma, paz, silencio, te ofrezco reposo, te ofrezco abrazos besos y sexo, te ofrezco risas y amor, mucho amor.  

Y me haces escuchar una canción “Perfecto” para pedirme perdón, para hacerme entender que quieres ser sincero que no quieres una vida sin mi-. pero no, no arregla nada que me pidas perdón ni que me digas que lo sientes. Me vas a destrozar por tu egoísmo puro y duro.  Tu manera de amar no es la que yo quiero para nosotros. No quiero tristeza, no quiero pena, no quiero enfados, no quiero mentiras, no quiero nada de nada, quiero amor, calma, paz, vida, mucha vida y mucha confianza.

Sé que por tu puto orgullo estás viviendo un infierno ¡que podías haber volado conmigo! Que te da miedo reconocer que me amaste y que es muy probable que aún lo hagas y lo sigas haciendo toda tu vida. Qué tienes tanto miedo, que te has vuelto cobarde, que prefieres esto a vivir con amor.  

Pero yo ya he pedido ayuda. Porque me he sentido tan perdida, tan abandonada, tan triste y tan insegura que no puedo ni quiero vivir más así. Y pido ayuda para sanar mis heridas de nacimiento, esas que te crean una intención positiva para sobrevivir. Para seguir viva en este mundo.  Y seguir viva ha significado luchar mucho para salir caminando, ha significado ser muy rabiosa, muy cruel con mis padres, ha significado sentir rencor hacia mi hermana pequeña, ha significado tener muchas relaciones de mierda en las que era yo la que dejaba por miedo a ser abandonada. Ha significado volverme muy auto exigente conmigo, con el mundo y con las personas de mi alrededor. Y ahora ya no siento ese vacío. Ahora mi vida ya no depende de ti.

He mandado a la mierda el control. Y estoy empezando a SER. Porque sólo con SER yo misma, esta que ahora es AMOR, confianza, valor, ahora yo soy suficiente para mi vida. Porque sé que sólo desde ahí puedo crear de nuevo mi vida. Sólo desde mi amor hacia mi misma estoy construyéndome. Y no quiero tus “lo siento” ni tus canciones, no te juzgo. Ya no tienes el poder sobre  ese nosotros.

Te quiero, te sigo amando mucho, mucho, mucho como la trucha al trucho. Pero debo terminar de sanarme para dejarme espacio.  

Mi niño dulce, no sé qué pasará con este nosotros que siempre va a existir, pero me gustaría decirte que nos faltó presencia y poner el modo avión en nuestra cama. Dejar el postre para luego, y comernos. Nos faltó hablar y subir las escaleras de dos en dos. Nos faltó un aniversario, un fin de año, un te amo infinito.

Noelia Pedrola