Tus ojos

 ¿Qué parte interna de mi misma se conectó contigo?
Que realidad más irreal nos estaba uniendo. Los dos lados de la misma moneda. La luz y la oscuridad.
Y de repente mi mente te evoca y recuerda una imagen tuya. Una situación que me cambió la vida. Y es que sueño con el recuerdo de tu cuerpo detrás de los barrotes de tu celda diciéndome con el corazón desbocado: «Madre mía señorita que feliz estoy de verla aquí hoy». Aun cuando no teníamos la idea de un nosotros, cuando yo vivía alejada de mi trabajo, pero tu sólo vivías para verme entrar en ese patio y poderme gritar que estabas ahí por y para mí.

Yo, bajo la mirada de todos los demás, como la que no quería la cosa, me reía, porque pensaba que era una tontería más del hecho de vivir ahí encerrado. Que sólo era una luz que veías en mi para poder seguir con esa rutina de supervivencia pura y dura. Pero me hacías sentir tan especial, tan única, tan valiente y a la vez insegura que todo mi mundo se empezó a tambalear.
Pero no era sólo eso. Era el cruce de miradas a todas horas, en todos los segundos de cada momento.

Mis días contigo empezaron con:
– Señorita perdone, me puede dar una instancia?
– Señorita perdone, me puede mirar el peculio?
– Señorita perdone, me puede mirar si tengo esto autorizado?
– Señorita perdone, me puede calcular esto?
Y luego cuando no te escuchaba nadie más que yo, fue un:
-Señorita, quiere un café?

Y con nuestro primer café vinieron las risas y luego unas miradas tan escondidas que ni nos mirábamos al dárnoslas. Y eras tú, aprovechando cualquier situación para acercarte a mi, para hacerme saber que estabas ahí, que no se me olvidara que existías. Pero no, yo ya no podía olvidarte, no podía más que escribirte y buscarte para encontrarme con tu mirada y con tu vida ahí encerrado.

Y me eriza la piel el recuerdo del momento de nuestra primera canción, en medio de los rayos de sol en el patio, bajo la atenta mirada de todos. Ese sol de invierno que me hacía aún más brillantes mis ojos marrones. Esos que penetraban en toda tu mirada y desde donde podía oír latir tu corazón al lado del mío.

Y así casi sin darme cuenta, de repente el patio se queda vacío, y tu auricular se pone en mi oreja y suena una canción que me dice «… serán tus ojos color marrón, será la forma en que miras mi corazón, quizás tan solo seas tu, quizás tan solo sea yo, será la forma en que me miras y arrebatas mi vida con solo una sonrisa...»

Y así era, porque nos arrebatábamos la vida con tan solo una sonrisa, y con esto nos bastaba para sobrevivir de una semana a otra, sin miedos, sin inseguridades, sólo con canciones, con letras, con esperanzas, con ilusiones, con amor irracional que nos tenía buscando tu salida, nuestra salida.

Noelia Pedrola