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El yoga saca tu verdad

El yoga saca tu verdad

El yoga saca tu verdad

El yoga saca la verdad de todos casi sin darnos cuenta. Cuando hablo de yoga en este artículo me refiero a la práctica de asanas (posturas). Para quién no lo sepa, os diré que soy profesora de yoga y cuando veo a mis alumnos extender y colocar su mat, ya comienzan a darme indicaciones de como son, como están en ese momento, que es lo que pretenden conseguir con su práctica y hasta donde están dispuestos a llegar en ese día.

Todo eso sólo con extender su mat. Imaginaros la cantidad de verdad que sale en un solo movimiento sin haber comenzado la práctica real. Es increíble que, en un gesto tan sutil, salga toda esa cantidad de personalidad desbordante. Entonces como profesor, observas al que llega a clase con una energía arrolladora, acelerado y con ganas de empezar y de que la clase sea cañera porque necesita desfogarse y sacar estrés.

Los que llegan bostezando, cansados del trabajo y su rutina diaria que solo están allí, para desconectar y relajarse. Hay otros que ya vienen en un estado máximo de concentración y no están para socializarse, sino para buscar su verdad y fluir con ella durante la práctica.

De los que más hay, son de esos que llegan quejándose a la clase sin haber comenzado si quiera. Pero a pesar de eso vienen todos los días sin falta. Siempre los oirás quejarse, pero eso forma parte de su propia práctica. Entonces como profe, empiezas a plantearte como sostener todas esas distintas personalidades, energías y comportamientos, puesto que la clase, en lo que se refiere a las posiciones (asanas) serán igual para todos, pero lo vivirán de formas totalmente diferentes.

Ser Madre en una sociedad encapsulada

Ahí está el trabajo verdadero de un profesor. Lidiar con un grupo dispar de personas diferentes con distintas necesidades que trabajan de maneras muy alejadas las unas de las otras. Cuando comienza la práctica y sigues en ese trabajo de observación, empiezas a visualizar entonces, más rasgos de las diferentes personalidades que hay.

Están los que practican fijándose en sus compañeros y olvidándose por completo de su propia práctica. A veces esa mirada es con ego, de sentirse por encima de alguien por creer estar haciéndolo mejor. Otras miradas son de admiración, por pensar que nunca llegarán a ejecutar esa postura, a su forma de verlo, como lo hace aquel compañero.

Otras muchas veces esa mirada es tan penetrante que percibes una mala energía que no sabrías como describir, solo sabes que incomoda y no hace bien al que la recibe, pero menos aún a la persona que la realiza. Los hay con una práctica agresiva sobrepasando los límites de su cuerpo. Los que no quieren salir de su zona de confort y se niegan a avanzar.

Están los que se ahogan y su respiración no fluye y con ello tampoco fluye su movimiento. Los que llevan la aceleración de su vida a la práctica y van tan rápido que no pueden ni sentir ni ver con claridad lo que llevan dentro. Los frágiles que se sienten pequeñitos por no tener una fuerza física, pero sí están fuertes en su interior.

Luego están los rígidos físicamente hablando que se sienten pesados, torpes y poco fluidos. El yoga saca tu verdad, pero es una verdad terrenal al principio, puesto que cuando acaba la práctica de asanas (posturas) y llegas a la parte final de la clase y entras en la relajación (savasana). Ahí, si sigues en la observación, te das cuenta de que todos somos iguales y que cada versión de una distinta personalidad es un reflejo propio de muchas de las cosas que posees. Son tus alumnos de una manera desinteresada que se dan a ti para enseñarte todo aquello que debes y no debes hacer.

Así que, en una clase de yoga aprendemos todos. Al final acabamos fluyendo en un mismo sentir común, el placer que sientes al terminar la clase, solo te lo entrega la práctica de yoga en todo su esplendor. Salga la verdad que salga esa es la tuya, ni mejor ni peor, la verdad. Conforme vas terminando la clase, transformas todo eso en una energía renovada que te hace estar en un estado profundo de paz interior. Es por eso, que cuando pruebas algo con lo que conectar todas las verdades de tu ser, no puedes soltarlo, ya que es la luz interior guiándote hacia el propósito de tu vida.

Esa vida que viniste a vivir, a sentir, experimentar y gozar desde tu verdad.

La única que importa.

Adriana Casanovas Morales

E-mail: adriana_casanovas@yahoo.es

2 Comentarios

  1. Alberto

    Hola, muy bueno y realista tu artículo. Solo que muchas de esas verdades son crónicas y otras circunstanciales, dependiendo de los Gunas que puedan estar gobernando tu vida. Rajas para los activos y apasionados, Tapas para los apáticos y depresivos, Sattva para los concentrados y equilibrados. Como profesores nos toca contribuir a recentrar a los alumnos. Gracias. Namasté

    Responder
  2. Lu

    Gran post! Los profesores de yoga vemos tanto! Conoces a tus alumnos a niveles muy profundos. El lenguaje no verbal grita alto y claro para quien quiera escucharlo.
    Gracias Adri ?

    Responder

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Sobre el Autor

Adriana Casanovas

Mi nombre es Adriana Casanovas, tengo 44 años y vivo en Ibiza, España.Me considero un alma vieja, llena de sabiduría adquirida de cada vida que existí como ser humano.En esta vida actual, soy terapeuta emocional, técnico superior en masaje deportivo, quiromasajista, reflexóloga, instructora de pilates y profesora de ashtanga yoga.Tengo un centro, donde ayudo a las personas a liberarse, reconocerse y conectar de nuevo con su esencia, a través de las diferentes técnicas con las que trabajamos.Puesto que no todo el mundo sana, de una misma manera. Con más de 15 años tratando a las personas desde adentro. Uno aprende a desarrollar una sensibilidad que traspasa barreras físicas, llegando así a ver el alma verdadera de las personas....