Los apegos. Una prisión de la que es posible escapar

junio 7, 2021

¿Conoces la alegoría de un angelito y un diablito hablando sobre los hombros de alguien y susurrando algo en su oído?

Dicha alegoría expresa el simbolismo de la dualidad de la mente humana la que está metafóricamente dividida en un sistema de pensamiento divino o que trasciende lo físico y que está representado por el angelito y la otra, que está relacionada con el cuerpo y el mundo físico que le concierne y que está representada por el diablito.

Esta última se le conoce en psicología convencional, como ego, vocablo latín que se traduce como YO. El ego no es una entidad ni física ni metafísica, es solo un sistema de pensamiento que tiene como base la creencia de existir separado de un creador superior o fuente creadora amorosa; y por lo tanto, opera desde la idea errónea de que al estar separado de una fuente dadora de todo bien, carece de todo, lo cual tiene que buscar y arrebatar al mundo de «afuera».

Es de este sentido de carencia donde se originan los apegos.

El ego dice a tu «oído» que tú eres el cuerpo y que tu fuente no puede ser el amor, que careces del amor de Dios; entonces te pone a buscar «afuera» lo que crees que te falta y te apegas emocional o psicológicamente a ello.

Crees que el amor que te falta te lo deben de dar los cuerpos, y si a los cuerpos les has dado el propósito de proveerte de amor, ¿cómo no te apegarías al que crees que está supliendo lo que te hace falta?

Abres los ojos e inmediatamente te apegas a lo que proyectas y percibes.

Si crees que Dios ya te ha negado su provisión abundante, buscarás «afuera» y te apegarás al dinero, a las cosas materiales…

Si crees que has «perdido» la unión verdadera con tu creador, te apegarás a todas las formas que nos sugieren unión, como el sexo, y lo que te da placer en apariencia: comida, bebida, demás adicciones, sin poder reconocer que, en lugar de placer, esconden dolor.

Si has «perdido» la paz y la felicidad, te apegas a situaciones y cosas como el dinero, el trabajo, el tiempo, la ociosidad y a algunas otras emociones, o mejor dicho, percepciones de co dependencia, como sufrir, quejarse, sentido de pérdida, victimismo, culpabilidad, depresión; todos estos son igual a apego.

Vamos por el mundo como ganchos en forma de «u», que encajan con otros ganchos en forma de «n», es decir, que podemos apegarnos a cualquier evento y cosa percibida, a lo que se encuentre dentro de nuestro campo perceptual.

Cuando los apegos a personas, situaciones o cosas nos duelen, nos hacen sufrir, es entonces cuando estamos en el punto exacto de acudir a nuestra propia mente sabia (al angelito) para sanar ese dolor. En la filosofía de Un Curso de Milagros se nos dice que podemos salir del loop doloroso del tiempo cuando hacemos un ejercicio de acompañarnos, en la mente misma, de esa sabiduría superior o divina que juzgue por nosotros la percepción que hemos juzgado desde un estado inferior de nuestra conciencia (diablito).

No tenemos que filosofar mucho. Solo tenemos que saber que es posible desapegarnos sin dolor, sufrimiento o sacrificio, si existe el uso de una herramienta de corrección perceptual y que el Curso llama: PERDÓN.

Puedes explorar… acércate a él.

Gaby Sánchez

1 Comentario

  1. María Antonieta Chávez

    Gracias, me llego en un momento en que mi mente está llena de juicios…así que me perdono por elegir estar en el mundo ilusorio.
    «Amadísimo Espíritu Santo, permíteme ver las cosas de otra manera «

    Responder

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