Fluir sin un fin
Fluir sin un fin

Fluir sin un fin

Los seres humanos somos verdaderas “cajas de sorpresas”. Traemos con nosotros un sinfín de ideas, pensamientos, creencias, formas de ser y de hacer, etc. Hay una expresión que dice “nunca terminamos de conocer a las personas”, y aunque parezca una idea muy estructurada, creo que así es. No porque sea algo malo o bueno, no se trata de juzgar en esos términos.

El hecho de que nunca terminemos de conocer a un otro/a es porque todos estamos en constante evolución. Quizás esa evolución nos lleve a crecer, aprender y superarnos a nosotros mismos. O quizás esa evolución nos lleve a acrecentar la brecha de lo que aún tenemos que aprender o superar, o sanar.

Lo cierto es que a cada momento y ante cada situación que acontece en nuestras vidas tenemos esos dos caminos posibles. Al menos los que suelen estar más visibles, ya que sin dudas podrían existir más aún.

¿Desde dónde estás actuando hoy en tu vida?

Las personas tenemos cada una nuestro propio proceso de crecimiento y evolución. No todos capitalizamos los aprendizajes de igual manera. Hay quienes ante una situación de conflicto pueden reaccionar desde la emoción del enojo, o de la ira. Tirando por la borda quizás un trabajo o una relación. En cuestión de segundos podemos derribar algo que nos llevó tiempo construir. Por ello es importante aprender a gestionar nuestras emociones.

Un grande como Humberto Maturana decía que “no es cierto que los seres humanos somos seres racionales por excelencia. Somos, como mamíferos, seres emocionales que usamos la razón para justificar u ocultar las emociones en las cuales se dan nuestras acciones”.

Y esto tiene que ver también con el grado de responsabilidad con la que transitamos la vida. La responsabilidad no es más que una habilidad para responder. ¿Cómo estás respondiendo a las distintas circunstancias que se presentan hoy en tu vida?

No hay recetas

Quien piense o sienta que tiene una receta mágica o todas las respuestas para saber cómo actuar y relacionarse: ¡miente! Creo con firmeza en que eso no existe, desde la lógica de pensar en que cada ser humano es único e irrepetible. Puede pasar que tengamos cosas en común, por la cultura, la sociedad en que vivimos, por utilizar el mismo idioma, etc.

Cuando pidas un consejo a otra persona, esa persona lo hará desde todo lo que trae consigo: experiencias vividas o no, aprendizajes, juicios, creencias, historia personal, heridas emocionales, etc. Puede que genere una empatía con vos pero jamás podrá saber exactamente lo que estás sintiendo o menos aún, cuál es el camino “correcto” por el cual te aconsejaría que camines.

Las respuestas sólo están en tu interior. Y es aquí donde el Coaching aparece como una herramienta y disciplina muy efectiva para acompañar ese devenir que surge únicamente de tu propio ser. Es un espacio único de aprendizaje, indagación y exploración de quién estás siendo hoy con vistas a quién quieres llegar a ser. Si aún no has transitado ese proceso, te animo a que lo puedas realizar, conmigo o con quien resuene tu alma y sientas confianza. Es una decisión muy personal.

Fluir sin un fin

Hay momentos en los cuales la situación requiere que seamos más racionales. Otras en las que nos permitimos la vulnerabilidad y somos más emocionales. Lo cierto es que no hay extremos puros y tajantes en esto. Es como una danza, vamos fluyendo con lo que sentimos, experimentamos, vivimos…pero por sobre todo, lo que decidimos vivir a cada paso.

Sócrates decía “Sólo sé que no sé nada”, y con esa frase podemos declararnos eternos aprendices de este arte de saber vivir. A veces es necesario soltar las estructuras, y declararse ignorante “de” o “en” algo. La conciencia de no saber nos permite darnos cuenta de cuánto aún podemos aprender. Y sobre todo, nos da permiso para fluir sin un fin más que hacer vívida esa experiencia que se vislumbra ante nuestros ojos.

No te quedes con el “casi”…No te quedes con el “qué hubiera pasado si…”. Viví!!! y elegí cada cosa que quieras llevarte de este mundo. Lo demás es cuento. Que sea “eterno” todo aquello que te haga bien.

Con amor,

Deby Q.

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