Si te mantienes abierta y receptiva cada alumna se convierte en tu maestra de vida. Graciela V.

El paso del tiempo te permite observar los acontecimientos en perspectiva, también los afectos.

Por si no me conocéis me encanta transmitir, y desde hace varios años enseño Yoga*.

Me esfuerzo como cualquier persona apasionada por enseñar lo poco que ido aprendiendo.

Puedo, desde mi lugar transmitir teoría y práctica. Diseñar clases creativas y con objetivos. Explicar principios de salud y bienestar, pero siguen siendo ellas quienes me enseñan.

Hoy quiero rendirles homenajes a todas esas mujeres que han ido llegando a mi vida, en forma de alumnas.

 

Fueron llegando a mi poco a poco.

Cada mujer que atravesaba la puerta con la curiosidad de saber si “esto” era bueno para ellas, era bienvenida a probar.

Yo les decía: Date una oportunidad, “esto” es una maravilla. Fui aprendiendo a transmitir escuchando sus historias, vuestras historias.

Al comienzo eran mujeres anónimas, hoy sus nombres están grabados en mi corazón.

Crecimos y aprendimos juntas, entrelazamos semana a semana nuestros relatos.

Ejemplos de fortaleza y superación

En su rostros se identifica lo perdido, las ausencias, y el dolor.

En su palabra se reconocen los conflictos, la lucha, el pervivir.

La huella de la vida está marcada en su piel, en su esqueleto y en cada estructura corporal.

Dolencias y patologías (físicas y emocionales) se tornan visibles ante un ojo entrenado.

Están aquí y ahora, tienen voz propia.

Caminan decididas y aprendiendo a vivir plenas y conscientes, y yo con ellas.

 

Se fue estableciendo un espacio de práctica saludable, respetuosa y consciente.

Creamos un ambiente cálido para soltar emociones retenidas.

Se marcó un tiempo para que pudieran expresarse, para ser escuchadas.

 

El respeto y la atención hacia nuestro cuerpo y mente fueron, (y siguen siendo), los puntos claves.

 

Vosotras, las protagonistas

Fuisteis curiosas, y cada vez fuisteis más. Marcándose siempre la misma premisa.

Sentir se volvió fundamental. Y poco a poco, desde la seguridad y el sostén, os habéis ido abriendo sin temor a juicios de valor, ni críticas.

Con el paso de los años se ha conformado un grupo estable de práctica habitual, pero también un grupo satélite, con el que mantengo contacto, interesándonos por nuestras vidas, con la certeza de que se sembró la premisa del auto cuidado, de mantenerse activas, de continuar en movimiento.

Muchas se quedan en lo que yo llamo “limbo” o, dicho de otro modo, “reconocimiento sin acción”, pero otras muchas dan un paso al frente. Comienzan a sentirse fuertes, renovadas, decididas.

 

Es maravilloso ver la luz de sus caras, es satisfactorio ver la mejora de muchos de sus malestares (bien porque eran emocionales o porque se cuidan y se atienden más).

También porque son más conscientes de sus revisiones médicas periódicas.

 

En la esterilla aprenden a explorarse, a respirar y moverse con consciencia. Sobre ella reímos y a veces también dejamos caer alguna lágrima, incluso nos mareamos hiperventilando.

A veces aparece cierta agitación, sorpresa, duda, descubrimiento, frustración, bloqueo, alteración.

Para después encontrarnos con la calma.

La calma como el mayor aprendizaje para resolver el día a día.

Tres palabras nos ayudan: apertura, adaptabilidad, flexibilidad (y no la de las estructuras corporales precisamente)

Después de una sesión ocurren “cosas”. Quienes impartimos yoga, sabemos que suelen removerse emociones, recuerdos, sensaciones.

Recibo mensajes muy significativos de mis alumnas al respecto, y provienen como resultado de un momento de interiorización, de auto observación, de atención plena y de escucha.

 

Son lo que yo llamo “momentos luz”.

Poco a poco observo como mis mujeres (cariñosamente hablando), se van “dando cuenta”, van desprendiéndose de capas adheridas durante años, y comienzan el camino de aprender (o reaprender), a conocerse.

Para muchas es un verdadero despertar, y, en general, comienzan a realizar pequeños/grandes cambios en su vida.

Procuran asistir siempre a clase, y lo hacen con ilusión. Aprenden a sonreírse a sí mismas y suelen permitirse pequeños premios.

Caminan más, comen mejor, se arreglan habitualmente.

Ser testigo de esa transformación es enriquecedor.

Algunas comienzan a sentirse incómodas en la piel que han habitado durante décadas, y comienzan a realizar transformaciones mayores en su día a día.

 

Se enfrentan a situaciones que le incomodan a nivel familiar, su voz se torna más fuerte y clara. Se enfrentan a situaciones complejas, asentadas en el tiempo.

Eso es lo más difícil y doloroso, los cambios en la estructura familiar.

Los malestares admitidos a lo largo del tiempo.

Reconocer que han tenido cierta responsabilidad en su vida actual. Que en algún momento consintieron.

Desear por momentos escapar, querer otro tipo de vida. No todas pueden…quizás tengan que aprender a vivir con ello, pero desde otra mirada.

 A veces con esto les basta para sentirse mejor.

Combatir con la palabra y desde la paciencia por micro cambios. Aventurarse a hacer actividades sin necesitar la autorización del marido o de los hijos/as.

Aprender a decir NO QUIERO y SI QUIERO con la misma fuerza 

Decidir una excursión, una visita, una charla pendiente, la firma de un documento importante que quedó siempre relegado, esas necesidades nunca escuchadas.

Lidiar con el malhumor constante, con la desidia, la negatividad, el desinterés, la apatía del día a día.

 

En nuestras sesiones yo soy “la maestra”, la que se supone que “sabe”, la que lo tiene “todo claro”.

En la mayoría de los casos siempre mi propio ejemplo como referencia.

Sin creerme nadie especial, desde la humildad y el agradecimiento. Único lugar posible para establecer relaciones duraderas, sólidas y saludables.

 

Desde un pensamiento liberado de toxicidad, con optimismo ante el futuro.

 

Ellas pensando que aprenden de mí, y yo inclinándome ante su existencia.

Este lugar a veces impone, a veces te desborda, te exige formación constante. Requiere que revises tu propio autoconocimiento tu propia vida, y por supuesto reclama actualizar de manera constante tus convicciones.

 

La vida va dando y va quitando a todas por igual, la diferencias son las herramientas de las que disponemos, las que vamos adquiriendo a lo largo del camino.

 

Después de muchas horas de charlas y de coincidir, puedo imaginar retazos de su vida, puedo hasta sentir su dolor cronificado.

Su presencia es mi manantial de aprendizaje

Vidas intensas, alas rotas, proyectos truncados, familia, enfermedad, muerte, menosprecio, soledad, angustia, trabajos duros, traslados, malos tratos, hábitos, costumbres, muchas de las cuales las ha ido llevando al desencanto, a la dolencia.

 

Pero también ejemplo de mujeres resilientes, con una ventana abierta a los sueños, queriendo sentirse mejor, y yo acompañando, acogiendo, sosteniendo.

 

Ellas sin saber que las honro. Ellas sin saber que, con sus ejemplos, sus anécdotas y chascarrillos y hasta con sus chistes, son ejemplos de vida. Ellas sin conocer que me enseñan y me guían.

 

Dentro de este escenario algo que me parece imprescindible como valores a cultivar:

 

  • LA HUMILDAD (reconocer la igualdad en el otro)
  • LA COMPASIÓN (empatía y comprensión hacia al otro).

 

Si estás abierta y receptiva cada alumna se convierte en tu maestra de vida.

 

Eternamente agradecida a todas y a cada una de vosotras por llegar, por estar, por ser.

La vida es una gran lección en humildad.  James M. Barrie

Abrazo

Graciela Vicario

 

 

PD:

*Transmito y difundo unas de las enseñanzas más antiguas de la humanidad.

La llamo coloquial y familiarmente una “Filosofía en movimiento”.

 

Siempre digo que el Yoga más que una disciplina, es una forma de vida, y que la humildad debe de ser una característica en nuestra enseñanza, en nuestra práctica y en nuestra vida.

Y aunque me cueste y a veces falle, elijo cada día el camino de la humildad.

Pedir disculpa por equivocarme, reconocer errores, decir NO lo sé, pedir perdón, admitir desaciertos forma parte de mi camino.

 

 

A lo largo de los años de mi práctica de Yoga tuve maestros que enseñaban y practicaban con muy poco la humildad y mucho soberbia.

 

He escuchado como se criticaban otras escuelas de yoga, sólo por no coincidir con ellos.

 He participado en coloquios donde se ponía en tela de juicio determinadas formas de practicar o proceder, como si su escuela tuviera la verdad absoluta.

 

Durante mi propia formación he tenido experiencias que me han resultado inaceptables. Pusieron a prueba mi tolerancia y mi paciencia.

Me hicieron llegar a límites personales innecesarios. Lloré y me sentí frustrada. Poco escuchada y valorada.

No era yo, eran ellos.

 

Muchas veces continué porque eran buenos técnicos, o porque creía que debía de tolerarlos porque eran “grandes maestros”, y/o porque ya tenía pagado el curso y quería el curso para poder enseñar. Aguanté, sin más.

 

Evidentemente todo esto me ha servido como aprendizaje, siempre suelo ver el vaso medio lleno.

 

Pero admito que me molesta mucho la poca humildad y la poca compasión.

 

Somos un grupo de personas que deberíamos de ensalzar estos dos valores, primordiales para la humanidad. No deberíamos de tener contemplación con este gesto. Demuestra muy poco respeto por el ser humano que está frente a ti.

 

Aunque sepas mucho, y quizás por esto mismo, debes persistir en la humildad. Estar receptiva a aprender de quien llegue a ti. Toda persona puede enseñarte.

 

Gracias por vuestra atención.

 

 

 

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Graciela Vicario

Diplomada Terapia Ocupacional UMH

ster profesorado UMH

Prof. Sanitario

Instructora Yoga Iyengar

Experta Yoga Terapéutico y Adaptado

yogaydiversidad@gmail.com

 

 

Responsabilidades:

Mi intención es que tu vida sea más plena y consciente a través del yoga

Mis escritos y/ o recomendaciones parten de mi estudio, investigación, experiencia personal y el trabajo con las mujeres que llegan a mí.

Esto no es un tratamiento médico.

Ni yo, ni cualquier otro miembro de YogaSohamGraciela se hacen responsables de herida o lesión ocasionada en la práctica.

Espero te sea útil, un abrazo Gra

2 Comentarios

  1. Rossana

    Buenísimo el artículo.
    La única manera de ENSEÑAR, es aprendiendo de los otros.
    La capacidad de un maestro es la de poder tomar las piezas del puzzle que le ofrecen, y armar un a imagen nueva que todos puedan entender.
    Es cierto, se tiene que tener la capacidad de “ver” para luego poder transmitir.
    Graciela, es tu fortaleza.

    Responder
  2. Maribel

    Desde el momento que asistí a tus clases sentí una gran conexión, por tú cariño y empatía con todas y cada una de nosotras. Seguramente es por lo que comentas, tú humildad y comprensión hacen de ti, una de las personas y maestras tener como ejemplo . Un gran abrazo 🤗

    Responder

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